
--Papá-dijo Anna cuando se le paso la primera emoción de verle sano y salvo-Papá, me disgusté un poco cuando me enteré de lo del precio de tu cabeza.
--Yo también-dijo papá-Y no un poco, si no mucho.
--¿De veras?-preguntó Anna, sorprendida. Siempre había creído que papá era muy valiente.
--¡Es que es un precio tan bajo!- explicó papá-Con mil marcos no se va a ninguna parte en estos tiempos. Yo creo que valgo mucho más, ¿no te parece?
--Sí-dijo Anna, ya más tranquila
--Ningún secuestrador que se precie aceptaría esa miseria-dijo papá, y sacudió la cabeza con tristeza-¡Estoy por escribir a Hitler para quejarme!.
--Yo también-dijo papá-Y no un poco, si no mucho.
--¿De veras?-preguntó Anna, sorprendida. Siempre había creído que papá era muy valiente.
--¡Es que es un precio tan bajo!- explicó papá-Con mil marcos no se va a ninguna parte en estos tiempos. Yo creo que valgo mucho más, ¿no te parece?
--Sí-dijo Anna, ya más tranquila
--Ningún secuestrador que se precie aceptaría esa miseria-dijo papá, y sacudió la cabeza con tristeza-¡Estoy por escribir a Hitler para quejarme!.
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